El árabe y su cultura


Cumple a nuestro propósito ofrecer un curso de introducción a la lengua árabe desde una perspectiva inédita o, cuando menos, bastante inusual en nuestros días: desde una perspectiva eminentemente cultural.  Y ello no solo por razones extralingüísticas, si como tales han de considerarse la voluntad de procurar un mejor conocimiento de cuanto ha contribuido a lo largo de la historia a la formación y desarrollo de esta lengua y a favorecer la comprensión de la mentalidad de las gentes que la usan en la hora presente, sino por motivos que dicen directa relación con la realidad lingüística de los países arabófonos.  

Sucede que, en un tiempo en el que prima el enfoque comunicativo en el aprendizaje y enseñanza de las lenguas modernas como lengua extranjera, la diglosia que caracteriza al mundo araboislámico -y, con ella, una diversidad que corre paralela a la inexistencia de instituciones capaces de generar normas de uso común entre los hablantes de los diferentes dialectos árabes utilizados desde Afganistán hasta Mauritania- obliga al conocimiento previo de los factores, en su mayoría, de índole cultural -vale decir, históricos, de tipo ideológico o religioso-, que la condicionan hasta conferirle su estatus ciertamente peculiar.  Una peculiaridad que, sin embargo, no lo es tanto cuando, mutatis mutandis, no resulta descabellado trazar ciertas analogías con la situación del español actual y con su origen y evolución a partir del latín hablado en la península ibérica desde su romanización.  

En efecto, la situación actual del español, con ocho variedades lingüísticas igualmente prestigiosas utilizadas por más de quinientos millones de hablantes mayormente en el continente americano y en España, y su filiación románica, esto es, su muy estrecha vinculación con el latín, lengua de cultura hasta no hace mucho reservada para determinadas actuaciones formales (pensamos, por ejemplo, en las propias de la Iglesia católica antes del Concilio del Vaticano II), no se encuentra demasiado alejada del árabe, cuya realidad lingüística se halla marcada por la coexistencia de una lengua común, que debe su prestigio a ser el órgano de expresión del Corán, y de múltiples dialectos, surgidos ya en la era preislámica en función de factores muy diversos –geográficos, sociales, religiosos, etc.- y utilizados de forma casi exclusiva en la comunicación diaria.   No obstante presentar ciertas similitudes –aunque lejanas, hemos de confesar-, una diferencia sustancial resulta del cotejo de ambas realidades lingüísticas: la existencia de instituciones en el ámbito hispánico, como la Real Academia de la Lengua y la Asociación de Academias de la Lengua Española, que velan con espíritu normativo por la integridad del español, frente a sus homólogas en el mundo árabe, la Academia de la Lengua de Damasco y la Academia de la Lengua Árabe de El Cairo, principalmente, con una representatividad más que dudosa y una repercusión de limitado alcance.   

Así las cosas, la enseñanza del árabe como lengua extranjera plantea  de buen principio una interesante cuestión: ¿Qué modalidad de lengua hay que enseñar?  Porque aprender la modalidad de lengua utilizada en las situaciones formales, esto es, el árabe clásico, fushà, o su versión actualizada, el árabe moderno estándar o al-arabiyyah al-muʿāsirah, puede resultar poco rentable si lo que se desea es manejarse con fluidez en la comunicación diaria con arabófonos en cualquier país del mundo araboislámico.  Y, si, por el contrario, lo que se aprende es un dialecto, muy probablemente, ello acarree la consecuencia de no ser entendido fuera de su radio de acción, sobre todo, en el caso de que el dialecto en cuestión haya desarrollado unas características –fonético-fonológicas o semánticas, generalmente- que lo tornen difícilmente comprensible excepto para quienes están habituados a usarlo.  En cualquier caso, enseñando únicamente árabe moderno estándar o un determinado dialecto, se corre el serio riesgo de convertir al aprendiente en un analfabeto funcional. 

El cometido de nuestro curso, distando mucho de elucidar esta y otras cuestiones, en modo alguno rehuirá abordarlas, informando de ellas con el máximo rigor, ya que no con exhaustividad,  tratando más bien de describir y de explicar razonadamente una situación lingüística que ha de interpretarse en función de variables que son, principalmente (no nos cansaremos de repetirlo), de tipo cultural.  De ahí que la elección del árabe moderno estándar como modalidad de lengua a enseñar vaya acompañada de lecciones que, a modo de justificación, pretenden ilustrar al propio tiempo sobre el contexto árabe e islámico en que ha de ser entendida.  Y de ahí también que en nuestro curso la gramática del árabe moderno estándar se apoye frecuentemente en disciplinas como la historia de la lengua o a la sociolingüística –por no hablar de la islamología o de los estudios culturales a la hora de ocuparse de aspectos insoslayables de las sociedades araboislámicas- a fin de ofrecer la deseada introducción a la lengua árabe desde una perspectiva eminentemente cultural.

Como curso de introducción, este primará el carácter divulgativo; para un curso avanzado quedarán cuestiones más sutiles y de mayor calado.  El nuestro no pretende otra cosa que ofrecer una sólida base lingüística y cultural para quienes desean acceder al conocimiento de la lengua árabe y del mundo araboislámico.  Lo hemos estructurado en veinte lecciones de dos horas cada una, que combinan lo lingüístico y lo extralingüístico a partes iguales con el objeto de que la aridez de la gramática árabe, y lo penoso de dar los primeros pasos en ella, no desaliente al estudiante en sus inicios.  El objetivo que perseguimos es que el estudiante se familiarice con los rudimentos de la lengua en su vertiente oral y escrita, adquiriendo, eso sí, referencias culturales que esperamos que ayuden a asimilarlos. No en vano opinamos que de nada sirve aprender una lengua si no se tiene algo que decir y que, para compartir experiencias e impresiones, sentimientos y emociones con gentes que pertenecen a otros mundos, a otras culturas, se precisa algo más, mucho más que fluidez en el manejo del idioma.Un último factor hay que considerar: sin filias ni fobias, lejos tanto de la maurofilia como de la maurofobia habituales en la enseñanza de la lengua árabe y en la valoración de la cultura islámica, quien esto suscribe, que tiene a bien profesar la materia con rigor y objetividad innegociables, aboga por un modelo de enseñanza centrado en el alumno, esto es, que verdaderamente ofrezca a cada estudiante la posibilidad de aprender aquello que más le interese y de hacerlo, llegado el caso, de forma autónoma. Lo que no le impide reconocer, por otra parte, que la función de guía que en cualquier caso le corresponde no está exenta de verse afectada por sus particulares querencias –la gramática, la poesía, la historia de Alandalús, entre otros centros de interés-, que acaban conduciéndolo una y otra vez a las mismas sendas que holló en sus tiempos de estudiante.


Publicado por fanduj

"... me gusta el río / jugar al fútbol / y estar ausente..." (R.B.)

6 comentarios sobre “El árabe y su cultura

  1. te felicito el nuevo blog y te deseo mucha suerte con el curso que vas a presentar en breve. suerte tendrán los que se apuntaron a este curso porque van a disfrutar y aprovechar unas clases de mucha calidad.

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  2. gracias por invitarme a la clase. Ya he leído algunas entradas sobre la situación politica y social del mundo árabe que no deja de ser como en resto del mundo, lo que hace hermanarme.
    un saludo.

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