Morsi y la sintaxis

A punto de concluir esta primavera, en alguna estancia del penal en que se hallaba recluido a la espera de ser juzgado, falleció y fue enterrado casi en secreto el expresidente egipcio Mohamed Morsi, el primero en haber sido elegido democráticamente tras el advenimiento de la Primavera Árabe al país norteafricano en 2011. Se sabe que a la llegada al poder del general al Sisi en 2013 se le había abierto un proceso por sedición, en realidad, por haberse convertido en la cabeza visible del partido Libertad y Justicia, máximo exponente del predicamento y de la influencia de que gozan los Hermanos Musulmanes en amplios sectores de la sociedad egipcia desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días.  Su muerte, pues, parece que se ha debido a causas naturales, a condición, claro está, de que se entienda la especial naturaleza de la política.  Y tal vez por esta razón, por las buenas entendederas que gastamos en Occidente, al silencio oficial de las autoridades egipcias se ha superpuesto el de la prensa internacional, que apenas se ha hecho eco de la noticia, sin rastro de apresuradas necrológicas ni demasiados artículos de opinión en torno a la inopinada desaparición (valga el eufemismo) de este líder islamista.

Como de todos es sabido, sobre los eufemismos y demás argucias del lenguaje políticamente correcto, la gramática del poder prescribe en casos como el de Morsi el uso de construcciones sintácticas que enmascaren debidamente la autoría de los hechos, la responsabilidad última de la acción que se realiza y el sujeto que la padece, al extremo de hacer pensar que la voz pasiva o la voz media del verbo, o la oración pasiva o impersonal refleja, esto es, ciertos accidentes de la sintaxis constituyen el verdadero motivo del desastrado final del expresidente egipcio. Y es que ¿se hallaba recluido Morsi en el momento del deceso o lo recluyeron algunos sujetos ocultos tras la tercera persona del plural? ¿Esperaba pacientemente a ser juzgado o, en realidad, sin recibir la atención médica que requería, aguardaba a conocer el objeto directo de la condena? ¿Falleció repentinamente como quien no quiere la cosa o fue fallecido con premeditación y alevosía? ¿Fue enterrado en la almacabra al modo islámico o se le echó tierra encima a él y al asunto juntamente?     En cualquier caso, el difunto Morsi ilustra a la perfección sobre lo que les sucede a ciertos muertos cuando se echa tierra o silencio sobre ellos: que resultan bastante más elocuentes que cuanto puede escribirse sobre el tema.  Imaginen qué dirá Morsi cuando en la vida de ultratumba escuche a alguien hablando de Primavera Árabe y de democracia.  O a Khashoggi, el intrépido periodista crítico con el régimen de Riad, preguntándose ante las más altas instancias del Paraíso de qué le sirvió el islamismo moderado de Erdogan, que lo amparaba en su territorio, cuando cruzó -¿o le cruzaron?- el umbral de la embajada saudí en la capital otomana. 

Publicado por fanduj

"... me gusta el río / jugar al fútbol / y estar ausente..." (R.B.)

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