El músico Ziryāb: árbitro de la elegancia en la sociedad andalusí

Entre los muchos enfoques historiográficos posibles, acaso la historia del gusto revela mejor que ningún otro la mentalidad de una sociedad, pues hace emerger a la superficie aspectos que, considerados por lo general irrelevantes, han sido secularmente arrumbados, no obstante reflejar, más allá de su aparente pintoresquismo, el vivir cotidiano de la población, y, con sus usos y costumbres, todo un sistema de valores.

En este orden de cosas, que la influencia oriental caló profundamente entre los andalusíes del emirato de Abderramán II (822-852) parece suficientemente probado para Juan Vernet, que, en Lo que Europa debe al islam de España, hace notar, y no simplemente a título anecdótico, que (…) se extendieron por el país toda una serie de costumbres persas, entre las cuales descuellan el juego del polo (sawlagan) y la celebración de fiestas como el nayrūz, que se celebraba el 1 de enero, y el mihragan, que se confundía con la fiesta cristiana de San Juan Bautista (…).  Igualmente, y en estas fechas en que tanto privaban las modas persas, debieron empezar a introducirse algunas de las supersticiones que aún hoy son comunes a persas y españoles.  Tales son, por ejemplo, algunos antojos de las embarazadas, el prevenir a los niños que juegan con fuego que se orinarán en la cama; los rabos de pasa que, comidos, mejoran la memoria; el mal augurio que se saca de la rotura de espejos; la creencia de que, cuando una conversación se interrumpe, es debido al paso de un ángel; el poner una escoba detrás de la puerta para que se marche un inoportuno; el mal agüero del número 13, etc.”.    

Y el músico Ziryāb, auténtico paradigma del buen gusto y de la elegancia como persona versada en humanidades múltiples y acostumbrada a servir a califas, príncipes y visires de la alta sociedad bagdadí, contribuyó de forma notable a difundir hábitos y modas de toda índole, como el juego del ajedrez o, entre los referidos al embellecimiento de la persona, nuevas formas de peinarse y de cortarse el pelo. Como atestigua el historiador al-Ḥayān, en la magnífica traducción de Federico Corriente Córdoba y Maḥmud Alí Makki que citaremos profusamente en esta entrada: “Por ejemplo, cuando entró él en Alandalús todos los hombres o mujeres se dejaban el pelo largo y se lo partían por la mitad de la frente, cubriendo sienes y cejas, mas, cuando vio la gente fina el arreglo del pelo de él, sus hijos y mujeres, cortado para no cubrir la frente, igualado con las cejas, redondeado por los oídos y suelto en las sienes (…) les encantó y pareció bien para sus esclavos y esclavas, haciéndoselo seguir y exigiéndoles lo adoptaran, como se ha venido haciendo hasta hoy”. Ya que, experto en el capítulo de aromas y perfumes, (…) fue grande su mérito en la elección, sutil arte, hábil composición y percepción de lo natural en algalias, mezclas de maderas aromáticas para pebetero, agáloco, envoltorios cosméticos, polvos y otras cosas que muchos cortesanos no conocían, y los reyes que los conocían no dominaban, siendo él que trazó el camino y colmó la carencia, seguido por la posteridad…”.

También, en cuanto a la higiene personal, Ziryāb dio a conocer una especie de desodorante con “(…) el uso del litargirio, obtenido del mineral correspondiente, para eliminar la fetidez de las axilas, (…) sin que, cuando llegó a Alandalús, lo usara nadie aquí, ya que reyes, aristócratas y cortesanos como mucho procuraban evitarla con polvo de rosas y flores de arrayán y sustancias parecidas de propiedades astringentes y refrescantes, que no les libraban de manchas en la ropa interior en las zonas inmediatas a las axilas, ni de que el sudor se les quedara encima en pugna con los perfumes que usaban…”.

En lo que respecta a los placeres de la buena mesa, en primer lugar, estableció el orden de servir los platos, empezando con la sopa y los entremeses, y siguiendo con dos o más entradas de carne o pescado, bien aderezadas de especias, para terminar con postres de fruta con canela y vainilla. Y prescribió, después, la presentación de los mismos en manteles de cuero fino y la bebida en vajilla de cristal. 

Por otra parte, (…) fue el primero que cogió espárragos (…) abundantes en sus despoblados, (…) comiéndolos y dándoselos de comer a los demás, siendo así que los andalusíes no los conocían ni cogían anteriormente (de modo que) esta planta vino a ser conocida de la gente, concordes en su preferencia y buscándola en su sazón, cogiéndola tanto la aristocracia como la plebe hasta hoy…”.

Además de los espárragos silvestres, de las habas frescas o hervidas y de  las alcachofas,  introdujo una serie de platos más elaborados, como la tafāyā, conocido durante toda la Edad Media como atafea, caldo de cilantro fresco con carne de cordero troceada que, al parecer, nunca faltaba en las comidas de los andalusíes, croquetas de carnes finas y sabrosas para mojar en las sopas y una variada pastelería de azúcar y miel, como buñuelos, barquillos rellenos y todo tipo de almendrados.

Importantísimas fueron también las reformas que introdujo en cuanto al vestuario, ya que puso de moda vestirse con telas ligeras y finas de color claro durante el verano (…) y el resto del año vestir ropas de color, así como opinó que en la época intermedia entre calor y frío (…) llevasen de entre sus ropas de color aljubas de azache (ŷibāb), camisas (mulham), sedeñas (muḥarrar) y atorras (darārīʿ) sin forros, (…) de manera que las gentes cambiasen de indumentaria según los cambios climáticos (…)”.  Era también partidario de que llevasen al final del verano y comienzo del otoño capotes de Merv, ropas de cuerpo (…) y otras parecidas, de tejidos finos y de color, con rellenos y forros espesos, cuando apretaba el frío por las mañanas, hasta que éste aumentaba y pasasen a otras más gruesas en color, acolchadas (…)”, todo lo cual aprobó la gente según lo prescribió Ziryāb, considerándolo correcto y siguiéndolo hasta hoy…”.

Y no menos significativas fueron las iniciativas que promovió a fin de embellecer las avenidas y las plazas de las ciudades: la iluminación con candiles, la plantación de árboles, la construcción de aceras y el asfaltado de las calles, iniciativas que no dejan de justificar la enorme popularidad de que gozó Ziryāb entre los andalusíes, poniendo de relieve el alto grado de civilización alcanzado en Alandalús durante el emirato de Abderramán II. 

Publicado por fanduj

"... me gusta el río / jugar al fútbol / y estar ausente..." (R.B.)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: