Mahoma y su predicación I (Mahoma en la Meca. La Hégira. Medina)

Por su situación geográfica, Arabia era a comienzos del siglo VII un importante nudo de comunicaciones y, por ello, se mantenía abierta a todo tipo de influencias: como sucede de ordinario, el intercambio comercial propiciaba un incesante flujo de ideas y creencias que provenían igualmente de la vecina Etiopía, del Imperio bizantino y de la Persia sasánida que del antiguo reino yemení y los pequeños Estados satélite de los gassaníes y laḫmíes, ambos de religión cristiana, y de tribus judías que se habían instalado en la Península tras la intervención de Roma en Palestina en el siglo I.

En efecto, los adeptos al cristianismo y al judaísmo eran legión en los aledaños y a lo largo y a lo ancho de la península arábiga en tiempos de la ŷahiliyyah (ignorancia), si bien lo que prevalecía en materia religiosa era un paganismo ancestral representado por el culto a los piedras, al estilo de la Kaʿba en la Meca (de Macoraba ‘santuario’), y a divinidades celestes, femeninas en su mayoría, como Uzzah, Manāt y Allāt, la principal en el panteón de la Arabia preislámica.  Además, fuerza es señalar la presencia de individuos que, en busca de otras formas de espiritualidad, apartados tanto del paganismo como de las religiones del Libro, reivindicaban la herencia de Abraham engrosando el número de los ḥanīf que cita el Corán, entre los cuales bien pudo contarse antes de la Revelación el propio Mahoma, y, también, posteriormente, cuando, muerto ya el Profeta, emergieron figuras como el negro ʿAyhala en el Yemen, Musaylima en Arabia central y la profetisa Saŷāh en el Naŷd, durante los años de las guerras de la Riddah (apostasía), entre 632 y 635.

Mahoma en la Meca.  La hégira. Medina 

     Mahoma nació en una fecha indeterminada, entre el 570 y el 580.  La tradición ha fijado su nacimiento en 570, el año del Elefante, en el que el gobernador etíope de Arabia del Sur comandó una expedición de castigo hacia territorios del norte con desastrado final para los expedicionarios, diezmados por una epidemia de viruela, a lo que parece (azora 105 del Corán).

La familia de Mahoma pertenecía a la poderosa tribu de los banū Qurayš, que controlaba los lugares sagrados de la Meca, aunque no a uno de sus clanes más influyentes. Huérfano muy pronto, fue educado por su abuelo ʿAbd al Muttalib y, luego, por su tío Abū Ṭālib, padre de ʿAlī, y, cuando no había cumplido la treintena, se casó con una viuda rica, Ḫadīŷa, para la que trabajaba como caravanero.

En cuanto a la primera revelación coránica, la tradición vacila entre la azora 74 y la 96, como cree la mayoría de los exégetas, pues en ambas parece confiársele al Profeta por primera vez la misión de predicar, pero es por todos admitido que, a la edad de cuarenta años, en una cueva próxima a la Meca en la que tenía por costumbre retirarse a meditar, Mahoma fue testigo de la aparición del arcángel Gabriel en lo que se conoce como la Noche del Destino (laylat al-qadr), que coincide con el 27 de ramadán. Así pues, a partir de este momento el arcángel habría comenzado a revelarle al Profeta la bondad de Dios y su omnipotencia, así como la proximidad del Día del Juicio en versículos breves de gran intensidad poética. Siguiendo las indicaciones del mensajero divino, Mahoma se aprestó a difundir el Corán (“recitación”, en árabe) entre sus más allegados, su esposa Ḫadīŷa y su primo ʿAlī, sobre todos, y solo después de que su mensaje calara en ellos hizo públicas sus revelaciones, que pronto lograron la adhesión de importantes personajes, como Abū Bakr y ʿUmar b. Al Ḫattāb, con el tiempo, los primeros sucesores de Mahoma al frente de la comunidad islámica, no obstante suscitar el rechazo y la hostilidad de la mayor parte de la aristocracia mecana renuente a aceptar las revolucionarias doctrinas del mensaje transmitido por Mahoma y su monoteísmo contrario al panteón de divinidades paganas que tan pingües beneficios les reportaba a los qurašíes.

Como quiera que las relaciones entre los partidarios de Mahoma y la aristocracia mecana fueron haciéndose cada vez más tensas, hacia 615 un grupo de fieles hubieron de emigrar a Etiopía y Mahoma, debilitado por la muerte de sus principales protectores, su esposa y su tío Abū Ṭālib, pudo mantenerse a salvo en un entorno sobremanera hostil, hasta que en 622 concluyó un acuerdo, el pacto de ‘Aqaba, con las tribus más importantes de Yaṯrīb, los Aws y los Ḫazrāŷ, para establecerse como mediador en su ciudad, que desde entonces pasaría a conocerse como Medina (madīnat an-nabbī). De este modo Mahoma se convirtió en profeta y estadista a un tiempo, situado a la cabeza de un pequeño Estado en el que la organización tribal se hallaba subordinada a la voluntad divina y los intereses de la comunidad por encima de las diferentes facciones, muḥāŷirūn ‘emigrantes de la Meca’, anṣār ‘auxiliares de Medina’ y las tribus judías de los banū Qaynuqa, banū Nadīr y banū Qurayza, cada vez más refractarias a su mensaje religioso y político.  Ello no obstante, la rivalidad con los mecanos continuó y no tardaron en sucederse pequeñas escaramuzas y batallas libradas en los años que siguieron: Badr (marzo de 624) y Uḥud (marzo de 625), con victoria y derrota de los musulmanes, respectivamente, y la jornada del Foso con la que concluyó el sitio de Medina por los mecanos en 627 y que fue el punto de arranque de la hegemonía de los partidarios de Mahoma.  Estos episodios bélicos contribuyeron no poco al incremento de su prestigio político y de su influencia en materia religiosa al sumar partidarios incluso entre sus enemigos más acérrimos, pues aprovechó cada uno de ellos para depurar sucesivamente a quienes se oponían al nuevo régimen, muy especialmente, las ricas tribus judías de Medina, cuyos bienes confiscó la naciente comunidad islámica, lo que permitió a su líder espiritual atreverse a emprender el peregrinaje ritual a la Meca en marzo de 628.  Vencida la tradicional resistencia de los banū Qurayš por la fuerza imparable de los acontecimientos, el Tratado de Hudaybiyya estableció una tregua de diez años entre musulmanes y mecanos y que un año después regresaría Mahoma con los suyos a la Meca quedando durante tres días a su merced. Sin embargo, Mahoma decidió romper la tregua en enero de 630 y entró en la capital espiritual del pueblo árabe llegando hasta el santuario donde se hallaban los ídolos paganos, que mandó destruir ipso facto.  Poco después enviaba una expedición contra la Siria bizantina, sin alcanzar sus objetivos.  En 632 cumplió por un última vez el peregrinaje a la Meca, esta vez según el ritual prescrito por el Corán.  Según la tradición, diez días antes de su muerte, que se produjo el 8 de junio de ese mismo año (13 de rabīʿ al-awwāl del año 11 de la hégira), recibió la última revelación coránica.

Publicado por fanduj

"... me gusta el río / jugar al fútbol / y estar ausente..." (R.B.)

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