El Corán hoy (Algunos aspectos de la vida cotidiana)

La civilización araboislámica ha consagrado el Corán como centro de la vida social y personal de todo musulmán, de ahí que desde su más temprana infancia, en casa o en la madrasa o escuela coránica, se le acostumbre a la lectura y a la recitación del Libro, incitándole a aprender de memoria los pasajes necesarios para cumplir con las obligaciones rituales que habrán de acompañarlo de por vida.  Entre ellos, figuran, desde luego, la azora que abre el Corán, al-Fātiḥa, que el buen musulmán recitará diecisiete veces al día en el curso de sus oraciones; las dos últimas azoras (113 y 114), de carácter apotropaico, que han de pronunciarse justo antes de dormir según una tradición que remonta a tiempos del Profeta; y la azora 112, que consiste en una profesión de fe sobre la unicidad del Creador. (A continuación ofrecemos la versión en castellano de estas tres últimas azoras del Corán realizada por Julio Cortés Palacio para la editorial Herder).

Azora 112

LA FE PURA

(mecana, de cuatro aleyas)

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso,

1 di: “Él es Dios, uno,

2 Dios, el Eterno,

3 no ha engendrado ni ha sido engendrado.

4 No tiene par.

Azora 113

EL ALBA

(mecana, de cinco aleyas)

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso,

1 di: “Me refugio en el Señor del Alba

2 del mal que hacen Sus criaturas,

3 del mal de la oscuridad cuando se extiende,

4 del mal de los que soplan en los nudos,

5 del mal del envidioso cuando envidia.

Azora 114

LOS HOMBRES

(mecana, de seis aleyas)

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso,

1 di: “Me refugio en el Señor de los hombres,

2 el Rey de los hombres,

3 el Dios de los hombres,

4 del mal de la insinuación, del que se escabulle,

5 que insinúa en el ánimo de los hombres,

6 sea genio, sea hombre.

Por otra parte, las virtudes que se asocian a determinadas azoras hacen que se las recite en momentos trascendentales de la vida del musulmán: así, la azora 18, en la oración del viernes en la mezquita o la azora 36, recitada en presencia de los agonizantes. En cualquier caso, la recitación (ṭilāwah), cuando las reglas de pronunciación y de entonación son observadas escrupulosamente, se convierte en un arte (taŷwīd) capaz de encandilar a quien escucha el Corán perfectamente salmodiado gracias a las modulaciones de la voz, a las inflexiones del tono, a la extensión de las pausas, como puede apreciarse en los concursos que anualmente se celebran en el mes de ramadán.  En efecto, los profesionales de la recitación o almocríes suscitan todo género de reacciones entre la concurrencia, que suele recibir el final de azoras como la 17 o la 75 con sinceras exclamaciones de piedad.

También hay lecturas públicas del Corán fuera del mes de ramadán en sesiones conocidas como maqraʾ, que tienen carácter de divertimento espiritual y, aún hoy, en Egipto y en Siria son muy solicitados los almocríes en los sepelios, en los que se recitan las azoras 25, 36 y 112. 

No de otro modo sucede con la difusión escrita del Corán en otro tiempo no del todo bien vista: los coranes en edición de bolsillo han proliferado incluso en aquellos lugares del mundo araboislámico cuyos habitantes no son arabófonos, incluyendo en este caso la transliteración del texto en la lengua vernácula, que, habida cuenta del carácter sagrado del Corán árabe, no tiene validez desde el punto de vista de la liturgia. 

Publicado por fanduj

"... me gusta el río / jugar al fútbol / y estar ausente..." (R.B.)

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